Mayor tolerancia a los derechos individuales
Hacia una mayor tolerancia
- La legislación española distingue entre la posesión para el consumo de sustancias estupefacientes y su producción o venta. Para lo primero, no hay sanciones penales (aunque sí administrativas). Pero varias sentencias del Tribunal Supremo han considerado que el cultivo para uso propio del cannabis es lícito. En cambio, se manifiesta inflexible ante la sospecha de que la sustancia detectada sea para comerciar con ella.
- El caso holandés. Este país, con sus famosos coffe-shops, es el caso más extremo de liberalización en el tráfico de cannabis. En estos establecimientos puede comprarse la marihuana (la planta) para consumir en el propio domicilio -está prohibido hacerlo en la calle- o tomarla (fumada, bebida en tés, comida en forma de magdalenas) en el propio local. En ellos, eso sí, no se puede tomar alcohol ni fumar tabaco.
- Organismos internacionales. También la Agencia de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (Unodc) ha admitido el fracaso de los programas basados en la represión. Esto se ha interpretado como que apoyaría una legalización del consumo de sustancias al estilo español.
- Los expresidentes. En febrero de este año, varios expresidentes latinoamericanos (Felipe González, César Gaviria, Lula da Silva) firmaron un manifiesto para que se despenalice el consumo de drogas -especialmente el cannabis- en Sudamérica. Entienden que perseguir al usuario impide que este se acerque a los programas de deshabituación.
- La marihuana terapéutica. En varios Estados de EE UU, con California a la cabeza, es posible comprar marihuana si se justifica que se padece una condición médica (un cáncer con dolores o pérdida del apetito, por ejemplo) que lo justifique. El resultado es la proliferación de narco-farmacias.